
Indra ha iniciado una revisión de las inversiones comprometidas que todavía no habían comenzado a ejecutarse mientras prepara un nuevo plan estratégico bajo la dirección de su actual cúpula. La compañía tecnológica y de defensa analiza ahora el encaje de los proyectos anunciados durante la etapa anterior, al tiempo que sitúa a Cataluña como uno de sus principales focos de crecimiento.
El nuevo plan está siendo diseñado por el presidente de Indra, Ángel Simón, y el consejero delegado, Josep Maria Recasens. Su presentación podría producirse a finales de 2026. Las inversiones proyectadas por la anterior dirección no se consideran suspendidas, aunque están siendo examinadas de manera prudente para determinar su viabilidad y su adaptación a las prioridades actuales de la empresa.
La estrategia previa, impulsada por Ángel Escribano y José Vicente de los Mozos, contemplaba un ambicioso despliegue industrial por diferentes comunidades autónomas. El programa incluía nuevas instalaciones en Asturias, Galicia y Andalucía, además de proyectos de expansión en Valencia y Cataluña.
En total, la compañía llegó a plantear cerca de 800 millones de euros en inversiones destinadas a nuevos centros y fábricas. Entre estos proyectos se encuentra el hub tecnológico previsto en Torrejón de Ardoz, que podría generar alrededor de 3.000 empleos. Su desarrollo, sin embargo, está sufriendo retrasos debido a las dificultades para adquirir algunos de los terrenos necesarios.
Cataluña gana peso en los planes de Indra
La revisión de las inversiones coincide con una apuesta más decidida por Cataluña. Indra anunció en mayo la creación de un nuevo Centro de Innovación y Talento, así como la incorporación de 1.500 trabajadores adicionales hasta 2027.
La compañía también se ha marcado como objetivo alcanzar los 550 millones de euros de ingresos en Cataluña en 2027, frente a los 366 millones actuales. En estos momentos, Indra cuenta con aproximadamente 3.500 empleados en la comunidad y mantiene relaciones comerciales con más de 350 empresas.
El refuerzo de la estructura territorial también se ha materializado con el nombramiento del empresario Enric Blasco como director territorial de Indra en Cataluña desde el 1 de julio. Meses antes, Anna Ortí había asumido la dirección de negocio de la compañía en la comunidad.
Este movimiento se produce en un contexto de malestar dentro del sector catalán de la defensa por su limitada participación en los programas militares adjudicados durante el último año. La asociación AEROS señaló que ningún concesionario catalán fue seleccionado y que el 80 % de los proyectos se concentró en Madrid, mientras que Castilla-La Mancha recibió un 11 %.
Más capacidad para afrontar los pedidos de Defensa
La nueva dirección también insiste en la necesidad de acelerar las decisiones industriales para aumentar la capacidad de producción y cumplir con los pedidos acumulados. Durante el último año, Indra obtuvo adjudicaciones superiores a los 14.000 millones de euros mediante los Planes Especiales de Modernización del Ministerio de Defensa.
Recasens ha señalado que la empresa está multiplicando su capacidad de entrega entre seis y diez veces, dependiendo del ámbito tecnológico. Este crecimiento exige más superficie industrial, nuevas fábricas y una mayor rapidez en la ejecución de las inversiones.
Dentro de esta estrategia, Indra estudia la compra de un taller de Duro Felguera en Langreo para destinarlo a la fabricación de vehículos blindados. La compañía ya adquirió anteriormente la planta de El Tallerón, en Gijón, que pretende convertir en el centro principal de su nueva división de vehículos militares.
Tras no prosperar la integración con Escribano Mechanical & Engineering, Indra también podría analizar nuevas adquisiciones empresariales. No obstante, las compañías españolas de defensa con un tamaño similar son limitadas. Otra posibilidad sería establecer alianzas industriales con socios como Santa Bárbara o Sapa para participar en los programas de obuses autopropulsados, valorados en 7.200 millones de euros.
La ejecución de estos planes estará condicionada por la estabilidad de la dirección. Indra ha tenido tres presidentes y cuatro consejeros delegados en los últimos cuatro años, una rotación que ha provocado sucesivas reorganizaciones internas y cierta inquietud entre parte de la plantilla.


