
Iberdrola ha dado un nuevo paso en su estrategia de concentración en mercados prioritarios al cerrar la venta de su negocio en Hungría por 171 millones de euros. La operación, comunicada oficialmente este jueves, supone la salida definitiva de la compañía energética española de un país considerado no estratégico dentro de su plan de internacionalización.
Una estrategia de foco
La transacción se enmarca en la política de Iberdrola de focalizarse en aquellos mercados donde cuenta con mayor presencia, potencial de crecimiento y capacidad de generar valor a largo plazo. El grupo, presente en más de 20 países, ha ido reduciendo progresivamente su exposición en Europa del Este, una región donde las condiciones regulatorias y de rentabilidad no se alinean con su actual hoja de ruta.
En los últimos años, la compañía que preside Ignacio Galán ha apostado por reforzar su posición en España, Reino Unido, Estados Unidos y Brasil, así como por consolidar nuevas oportunidades en mercados emergentes vinculados a la transición energética. La salida de Hungría se interpreta como una señal de continuidad de esta estrategia de desinversión en territorios no prioritarios.
Los compradores
El negocio húngaro de Iberdrola ha sido adquirido por un consorcio integrado por Premier Energy e IG Tech, dos compañías con interés en expandir sus actividades en Europa Central. Con esta compra, los nuevos propietarios incorporan una base de activos energéticos en generación y distribución, además de un equipo humano con experiencia en el mercado local.
Para Iberdrola, la operación no solo representa una inyección de liquidez, sino también la oportunidad de concentrar recursos en proyectos más alineados con su visión de liderar la descarbonización a nivel global.
Implicaciones financieras y de negocio
Los 171 millones de euros obtenidos reforzarán el balance de la compañía y podrían destinarse a nuevas inversiones en renovables, redes inteligentes y almacenamiento energético. En los últimos meses, Iberdrola ha anunciado proyectos de gran envergadura en parques eólicos marinos en Reino Unido y Estados Unidos, así como en plantas solares en España y Brasil.
Analistas financieros señalan que la desinversión en Hungría contribuirá a mantener un perfil de endeudamiento sostenible y a sostener la política de dividendos, que sigue siendo uno de los principales atractivos para los inversores.
Contexto europeo
La operación se produce en un momento en que el sector energético europeo atraviesa un proceso de transformación acelerada, marcado por la transición hacia fuentes limpias, la electrificación del transporte y la necesidad de reforzar la seguridad de suministro. Para Iberdrola, centrarse en mercados grandes y estables resulta clave para consolidar su liderazgo en este nuevo escenario.
En Hungría, el mercado energético está dominado por operadores nacionales y presenta un marco regulatorio menos favorable para los intereses de grandes multinacionales extranjeras. La salida de Iberdrola deja espacio a actores regionales que buscan ganar terreno en un contexto de creciente demanda energética en Europa Central.
Una apuesta a largo plazo
La venta en Hungría es coherente con la hoja de ruta de Iberdrola de optimizar su cartera de activos y priorizar inversiones que impulsen su crecimiento sostenible. La compañía ha reiterado que su objetivo es alcanzar un papel de referencia en la transición energética global, no tanto por la amplitud de mercados en los que opere, sino por la calidad y rentabilidad de sus proyectos.
Con esta operación, Iberdrola confirma que su mirada está puesta en los grandes polos de inversión en renovables y en aquellos países que han establecido marcos regulatorios sólidos para acompañar la descarbonización. Hungría deja así de formar parte de su mapa de negocios, pero el grupo español refuerza su posición para liderar el cambio energético en el ámbito internacional.


