IPC cierra 2025 en el 2,9% pese al alza de los alimentos

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IPC cierra 2025 en el 2,9% pese al alza de los alimentos

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado este jueves su dato definitivo del Índice de Precios de Consumo (IPC) correspondiente a diciembre de 2025, confirmando que la inflación general cerró el año en un 2,9 % interanual. El dato se sitúa en línea con las estimaciones adelantadas en las últimas semanas, consolidando una tendencia de moderación progresiva de los precios tras varios trimestres de tensiones inflacionarias en la economía española.

La cifra final representa una bajada respecto a la tasa registrada en diciembre de 2024, cuando el IPC anual se situó en torno al 3,4 %, y supone un alivio para consumidores y hogares que han visto cómo la presión sobre sus cuentas se había intensificado en el último bienio. Esta moderación, sin embargo, se ha producido en un contexto heterogéneo de precios: mientras algunos sectores muestran signos claros de estabilización o incluso descenso, otros, como el alimentario, han registrado aumentos que complican la lectura del dato desde la perspectiva del bolsillo familiar.

Según el INE, el componente de alimentos y bebidas no alcohólicas experimentó un incremento cercano al 3 % interanual, impulsado por subidas en productos básicos como aceites, frutas y ciertas categorías de verduras. Este comportamiento refleja la persistencia de factores estructurales en el mercado agroalimentario, incluidos costos de producción elevados y presiones en las cadenas logísticas que siguen afectando a los precios finales para el consumidor.

Pese a ello, el avance de los precios en este capítulo no ha sido suficiente para contrarrestar la desaceleración general de otros grupos de la cesta de la compra. En especial, los precios de los carburantes y combustibles, que tuvieron un impacto significativo en la inflación durante 2024, han mostrado caídas sostenidas a lo largo de 2025, contribuyendo de forma determinante a la contención del IPC general.

La inflación subyacente, que excluye alimentos no elaborados y productos energéticos, se situó al cierre del año en torno al 2,6 %, una tasa que, aunque por encima del objetivo básico del Banco Central Europeo (BCE), marca una tendencia más estable y menos volátil que la observada en periodos anteriores. Este indicador es seguido con especial atención por analistas y responsables de política económica, ya que ofrece una mejor aproximación de las presiones inflacionarias más persistentes en la economía.

Desde los hogares hasta los mercados financieros, la confirmación de una inflación del 2,9 % ha sido recibida con una mezcla de alivio y cautela. Por un lado, se reconoce que la moderación del IPC puede aliviar las tensiones sobre el poder adquisitivo y dar margen a los consumidores para planificar sus gastos. Por otro, persisten preocupaciones sobre el impacto del alza en los precios de los alimentos, especialmente en los segmentos de renta más baja, donde la alimentación representa una proporción mayor del gasto total.

Los economistas destacan que estos datos deberán ser evaluados en el marco de las decisiones de política monetaria del BCE y las proyecciones de crecimiento económico para 2026, donde la evolución de los salarios, la demanda interna y los precios internacionales serán factores clave.

Con el cierre de 2025 confirmado, el foco ahora se traslada a las perspectivas para el nuevo año y a cómo las autoridades económicas y los distintos sectores productivos afrontarán los retos de una inflación que, aunque más moderada, sigue siendo relevante para la vida cotidiana de los españoles.