
La Fundación de las Cajas de Ahorros, Funcas, ha decidido mantener sin cambios su previsión de inflación media para 2026 en el 2,4 %, aunque ha revisado al alza la estimación de la inflación subyacente, que ahora sitúa en el 2,5 %. El ajuste refleja una mayor persistencia de las presiones internas sobre los precios, especialmente en servicios, pese a la moderación progresiva de los componentes más volátiles.
Según el último panel de previsiones difundido por la institución, el escenario central apunta a una evolución relativamente estable del índice general de precios durante el próximo ejercicio. La contención esperada en la energía y una normalización gradual de los precios de los alimentos contribuirían a mantener la tasa media en niveles próximos al objetivo del Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, el comportamiento de la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos frescos— evidencia que las tensiones estructurales tardarán más en disiparse.
El incremento de una décima en la previsión subyacente responde, principalmente, al dinamismo del sector servicios y al impacto acumulado de los costes laborales. El mercado de trabajo continúa mostrando fortaleza, con incrementos salariales pactados en convenio que, si bien han servido para recuperar poder adquisitivo, también ejercen presión sobre los márgenes empresariales y los precios finales. Esta inercia inflacionista explica que la desescalada esté siendo más lenta en la inflación estructural que en el índice general.
Desde el punto de vista macroeconómico, la actualización de previsiones se produce en un contexto de crecimiento moderado pero resistente. La economía española mantiene un ritmo de expansión superior al de la media de la eurozona, apoyada en el consumo privado y en la inversión vinculada a los fondos europeos. No obstante, el entorno internacional sigue marcado por la incertidumbre geopolítica y por la desaceleración de algunos socios comerciales clave, factores que podrían alterar el equilibrio actual.
La revisión de Funcas también tiene implicaciones para la política monetaria. Aunque el BCE ha iniciado un ciclo de relajación tras el fuerte endurecimiento aplicado en 2022 y 2023, la persistencia de la inflación subyacente por encima del 2 % aconseja cautela. Si bien el índice general se aproxima al objetivo, la institución presidida por Christine Lagarde ha reiterado que necesita evidencias claras de una convergencia sostenida antes de acometer nuevos recortes significativos de tipos.
En este escenario, el diferencial entre inflación general y subyacente seguirá siendo un indicador clave. Mientras la primera puede verse influida por oscilaciones puntuales en materias primas, la segunda refleja tendencias más profundas vinculadas a la demanda interna y a los costes estructurales. La ligera corrección al alza para 2026 sugiere que el proceso de normalización será gradual y no exento de riesgos.
De cara a los próximos trimestres, los analistas estarán pendientes de la evolución de los salarios, del comportamiento del consumo y del impacto de las decisiones del BCE sobre la financiación empresarial y familiar. Si las presiones internas se moderan como prevé Funcas, la inflación podría consolidarse en torno al entorno del 2 % a medio plazo. En caso contrario, el proceso de convergencia podría prolongarse más de lo inicialmente estimado.


