
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha confirmado en su última actualización macroeconómica que la economía mundial mantiene una senda de expansión moderada pero sostenida, apoyada principalmente en el dinamismo del consumo privado, la estabilidad del mercado laboral y una recuperación progresiva del comercio internacional. En este marco, España vuelve a situarse como la economía avanzada con mayor crecimiento previsto, reforzando una tendencia que ya venía consolidándose desde el año anterior.
El organismo internacional mantiene sus proyecciones de crecimiento global en torno al 2,9%, un ritmo que, según señala, “refleja una resiliencia notable frente a un entorno aún condicionado por tensiones geopolíticas, ajustes monetarios prolongados y una demanda externa desigual”. Aunque la OCDE advierte que persisten focos de incertidumbre, la previsión de expansión demuestra que la economía internacional está absorbiendo de forma ordenada los efectos del endurecimiento de la política monetaria y comienza a mostrar señales de estabilización estructural.
En el caso de España, la OCDE revisa al alza sus estimaciones y anticipa un crecimiento cercano al 2,9% para 2025, superando a las principales economías de su entorno. La mejora se atribuye al buen comportamiento del mercado laboral, la recuperación del turismo, la ejecución sostenida de los fondos europeos y una progresiva mejora de la productividad. Estos elementos, señala el informe, permitirían que el país consolide un ciclo expansivo más prolongado de lo previsto.
Como referencia externa, el Banco Central Europeo (BCE) coincide con la OCDE en su diagnóstico sobre la economía española. Aunque la institución monetaria mantiene un enfoque prudente respecto a la evolución de los precios y a los riesgos asociados al contexto internacional, reconoce que España ha mostrado “una sorprendente fortaleza en su actividad económica y una capacidad de adaptación superior a la media de la zona euro”. El BCE destaca, además, el margen de recuperación en inversión empresarial y el impacto positivo de la modernización productiva en sectores como energía, tecnología y servicios avanzados.
No obstante, tanto la OCDE como el BCE subrayan que, para mantener este ritmo de crecimiento, España deberá afrontar retos estructurales. Entre ellos, la necesidad de mejorar la eficiencia del gasto público, asegurar la sostenibilidad fiscal, reforzar las competencias digitales de la fuerza laboral y fomentar un tejido productivo más intensivo en innovación. También alertan de que la desaceleración prevista en algunas economías europeas podría reducir ligeramente la demanda externa, lo que exige diversificar mercados y fortalecer la competitividad.
A pesar de estos desafíos, las conclusiones del informe son claras: España se posiciona nuevamente como motor de crecimiento entre las economías avanzadas, impulsando la recuperación global en un momento clave. La OCDE afirma que, si se mantienen los actuales niveles de inversión, estabilidad regulatoria y ejecución de reformas, el país podría cerrar la década con una estructura productiva más sólida y mejor preparada para afrontar ciclos económicos adversos.
Con este escenario, España entra en el próximo ejercicio con expectativas favorables, respaldada por organismos internacionales y con un horizonte económico que, aunque no exento de riesgos, muestra signos consistentes de fortaleza y proyección.


