
España consolida su liderazgo en la transición energética tras alcanzar un nuevo hito: la potencia verde instalada en el país roza ya los 91.000 megavatios (MW), una cifra que no solo marca un máximo histórico, sino que duplica por primera vez la potencia procedente de fuentes no renovables. Este crecimiento refleja la velocidad con la que el sistema eléctrico español continúa transformándose para alinearse con los objetivos climáticos europeos.
Según los últimos datos del sector, las energías renovables representan ya casi siete de cada diez megavatios del parque de generación nacional. Este avance se explica por la continua incorporación de instalaciones solares fotovoltaicas y eólicas, tecnologías que han protagonizado los aumentos más significativos durante el último año.
La fotovoltaica se ha consolidado como la principal protagonista del impulso verde. El país cerró el último periodo con un volumen cercano a los 30.000 MW solares instalados, favorecido por la puesta en marcha de nuevos parques en comunidades como Castilla-La Mancha, Aragón, Extremadura y Andalucía. Paralelamente, la eólica mantiene un crecimiento sostenido y supera ya los 30.000 MW, reforzando la posición de España como una de las potencias europeas en este ámbito.
La combinación de ambas tecnologías ha permitido que el peso de las fuentes renovables alcance un 67 % de la potencia total del sistema eléctrico. En contraste, la generación no renovable —principalmente gas, nuclear y carbón residual— continúa reduciendo su cuota, situándose en torno a los 44.000 MW. Esta disminución responde tanto al cierre progresivo de instalaciones fósiles como al menor número de horas de funcionamiento debido a la creciente penetración de tecnologías limpias.
Los expertos consultados destacan que este avance no solo supone un logro ambiental, sino que también tiene implicaciones económicas y estratégicas. La diversificación del mix eléctrico y la creciente producción renovable reducen la dependencia energética exterior, un elemento clave en un contexto internacional marcado por la volatilidad de los precios del gas y las tensiones geopolíticas.
Además, el aumento de potencia verde está impulsando la electrificación de sectores clave, desde la industria hasta el transporte, y favoreciendo la integración de nuevas infraestructuras como los sistemas de almacenamiento y las redes inteligentes. Estos desarrollos se consideran esenciales para garantizar la estabilidad del sistema y gestionar de forma eficiente la variabilidad inherente a tecnologías como la solar y la eólica.
Las previsiones apuntan a que el crecimiento continuará en los próximos años. Las comunidades autónomas acumulan miles de megavatios en proyectos en tramitación, mientras que el marco regulatorio europeo presiona para acelerar la descarbonización del sector energético antes de 2030. España, gracias a su elevada irradiación solar y a su potencial eólico, se encuentra en una posición privilegiada para aprovechar esta ventana de oportunidad.
Con la potencia renovable ya duplicando a la no renovable, el sistema eléctrico español entra en una nueva fase en la que la prioridad será optimizar la integración de estas fuentes y asegurar la estabilidad de la red. El desafío ahora consiste en convertir este liderazgo en una ventaja competitiva sostenible y duradera.


