
La economía española mantiene el pulso, pero muestra claros signos de moderación. Según los datos adelantados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 0,6% entre julio y septiembre, dos décimas menos que en el trimestre anterior. En términos interanuales, el crecimiento se situó en el 2,8%, también dos décimas por debajo del ritmo registrado en el segundo trimestre.
El enfriamiento del crecimiento refleja la desaceleración de algunos de los motores que habían impulsado la actividad económica durante la primera mitad del año. Entre ellos, el consumo de los hogares, que continúa afectado por la pérdida de poder adquisitivo acumulada, y la inversión empresarial, que acusa la persistencia de tipos de interés elevados y la menor demanda global.
Consumo moderado y menor impulso exterior
El INE destaca que la demanda interna sigue siendo el principal sostén del crecimiento, aunque su contribución es menor que en trimestres previos. El consumo privado apenas avanzó, mientras que el gasto público se mantiene estable tras el impulso extraordinario de los primeros meses del año, vinculado a programas de apoyo energético y a la ejecución de fondos europeos.
En el sector exterior, las exportaciones de bienes y servicios crecieron a menor ritmo, en un contexto de debilidad económica en Europa y de enfriamiento del comercio mundial. El turismo, sin embargo, volvió a ser un elemento positivo: la llegada de visitantes internacionales se mantuvo en niveles históricamente altos, impulsando la hostelería y los servicios.
Por ramas de actividad, los servicios fueron de nuevo el motor de la economía, mientras que la industria mostró un comportamiento más desigual. La construcción, afectada por el encarecimiento de los costes financieros y materiales, mantuvo un crecimiento más contenido.
Contexto europeo y previsiones
La desaceleración española se produce en un entorno de debilidad general en la zona euro. Alemania, motor industrial de la región, continúa con un crecimiento cercano al estancamiento, mientras que Francia y Países Bajos registran avances modestos. Aun así, España sigue creciendo por encima de la media europea, que ronda el 0,2% trimestral.
Los analistas coinciden en que el dato confirma una fase de enfriamiento gradual, más que un giro abrupto en la actividad. “La economía española mantiene cierta resiliencia, gracias al dinamismo del empleo y al turismo, pero la moderación es clara y probablemente continuará en los próximos trimestres”, señala un informe de CaixaBank Research.
Inflación contenida y expectativas
La desaceleración coincide con una moderación de la inflación, que en septiembre se situó en torno al 3% interanual, frente al 3,5% del verano. Este alivio en los precios podría facilitar una mejora progresiva del poder adquisitivo, aunque el Banco Central Europeo mantiene la prudencia sobre posibles recortes de tipos hasta 2026.
En conjunto, el PIB acumula un crecimiento del 2,9% en lo que va de año, lo que mantiene a España entre las economías más dinámicas de la eurozona, aunque las previsiones apuntan a una senda más suave de expansión en el cierre de 2025.


