Trump propone celebrar un G7 en su club de golf

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Los planes del presidente de EE.UU., Donald Trump, de celebrar el próximo G7 en su club de golf en Florida han reactivado el debate sobre los conflictos de interés derivados de sus negocios, un tema que indigna a expertos en ética pero que apenas ha tenido repercusiones para el mandatario.

“Esto no se trata de mí, se trata de conseguir el lugar adecuado”, aseguró Trump al anunciar, este lunes, que se inclina por su propio resort de lujo en Doral (Florida) para acoger en 2020 la cumbre del G7, una idea que algunos observadores consideran inconstitucional.

El argumento del “lugar adecuado” fue el mismo que empleó el martes una fuente cercana al fiscal general de EE.UU., William Barr, para justificar los planes del secretario de Justicia de celebrar en el hotel Trump de Washington su fiesta navideña anual, que aportará unos 30.000 millones de dólares al establecimiento.

Los de esta semana son apenas dos nuevos ejemplos de los más de 2.300 posibles conflictos de interés en los que Trump ha incurrido desde que llegó al poder en 2017, según una investigación publicada este mes por el grupo independiente Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington (CREW, en inglés).

Además, el propio Trump ha mencionado o promocionado sus propiedades de lujo en al menos 70 ocasiones en discursos oficiales, de acuerdo con un análisis del diario The Washington Post.

Cuando ganó las elecciones en 2016, el exmagnate inmobiliario cedió a sus dos hijos varones mayores el control de su entramado empresarial, la Organización Trump, pero no llegó a liquidar sus intereses en esos negocios, y su mandato ha estado salpicado de indicios de que podría lucrarse gracias a su cargo.

Desde enero de 2017, cuando Trump llegó al poder, 111 funcionarios de un total de 65 gobiernos extranjeros -entre ellos los de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil- han visitado una de las propiedades del presidente, según el citado informe de CREW.

El hotel de Trump en Washington, en particular, se ha convertido en una parada interesante para quienes buscan promover sus intereses, como demostraron las frecuentes visitas de ejecutivos de la telefónica T-Mobile justo antes y después de que el Gobierno diera su visto bueno a la fusión de esa empresa con Sprint.

Pero el ejemplo más flagrante de esa tendencia, indicaron los expertos, es la presión del presidente para que su club en Doral -cuyos ingresos han caído el 69 % en los últimos dos años, según datos del condado de Miami-Dade- acoja la próxima cumbre de las principales economías industrializadas.

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