China supera a Japón como acreedor global y se acerca al liderazgo de Alemania

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China supera a Japón como acreedor global y se acerca al liderazgo de Alemania
China supera a Japón como acreedor global y se acerca al liderazgo de Alemania

China ha dado un nuevo paso en su avance dentro de la economía mundial tras superar por primera vez a Japón como segundo mayor acreedor neto global. El cambio refleja el peso creciente del gigante asiático en los flujos financieros internacionales y confirma una tendencia marcada por su elevada capacidad de ahorro, sus superávits comerciales y la acumulación de activos en el exterior.

La economía global no solo se mide por el crecimiento del PIB, la inflación o el desempleo. También se estructura en torno a la relación entre países acreedores y deudores. Los primeros poseen más activos extranjeros de los que los inversores internacionales tienen dentro de sus fronteras. Esa posición les permite recibir rentas en forma de intereses, dividendos o alquileres, además de ganar influencia económica.

En este contexto, China ha logrado adelantar a Japón en 2025, mientras que Alemania mantiene todavía la primera posición mundial. Según los datos recogidos en el texto de referencia, los activos externos netos de Japón alcanzaron los 561,8 billones de yenes, equivalentes a unos 3,5 billones de dólares, a finales de 2025. Sin embargo, China elevó su posición hasta los 636,3 billones de yenes, situándose por delante del país nipón. Alemania continúa liderando la clasificación con 675,5 billones de yenes.

El ahorro y los superávits impulsan el ascenso chino

El avance de China se explica por su fuerte propensión al ahorro y por unos elevados superávits por cuenta corriente, apoyados principalmente en el comercio exterior. Una parte importante de ese excedente no se reinvierte dentro del país, sino que se dirige hacia la compra de activos en otros mercados.

Esa capacidad de acumulación otorga a Pekín una posición cada vez más relevante. La tenencia de activos internacionales no solo genera rentabilidad, sino que también puede traducirse en influencia estratégica. En el caso de China, su exposición a deuda estadounidense y su creciente presencia inversora en Europa muestran cómo la dimensión financiera se ha convertido en una herramienta clave dentro de la competencia económica global.

La inversión extranjera directa es otra vía para reforzar esa presencia. A través de ella, inversores de un país pueden controlar o participar en empresas extranjeras, generar rentas y ampliar su capacidad de influencia. Esta dinámica ayuda a explicar, por ejemplo, la expansión de compañías chinas en sectores industriales europeos.

Japón pierde peso relativo pese a su fortaleza

El sorpasso chino no significa que Japón haya dejado de ser una gran potencia acreedora. Su posición exterior neta sigue siendo muy elevada y se encuentra en máximos históricos. Sin embargo, su crecimiento ha sido más lento que el de China y Alemania.

El texto también apunta a que el menor avance relativo de Japón responde al aumento del valor de los activos nacionales en manos de inversores extranjeros, en un contexto de subida de las cotizaciones bursátiles japonesas. Ese incremento eleva los pasivos frente al exterior y reduce el ritmo de mejora de su posición neta.

Durante décadas, la fortaleza acreedora de Japón fue uno de los factores que reforzaron el papel del yen como moneda refugio. Ahora, ese estatus aparece menos claro en un escenario marcado por tensiones geopolíticas, cambios en los mercados financieros y una divisa situada cerca de niveles bajos de las últimas décadas.

Alemania conserva el primer puesto

China mira ahora hacia Alemania, que sigue siendo el mayor acreedor neto del mundo. El país europeo mantiene una posición dominante gracias a sus grandes superávits por cuenta corriente, una demanda interna limitada y una estructura exportadora muy competitiva.

La clasificación refleja un cambio profundo en el equilibrio económico internacional. La acumulación de activos exteriores no solo determina quién presta y quién se endeuda, sino también quién gana capacidad para influir en los mercados, en las empresas y en la financiación global.

El ascenso de China confirma que la disputa por el poder económico no se juega únicamente en el terreno industrial, comercial o militar. También se decide en la capacidad de un país para ahorrar, invertir fuera de sus fronteras y convertirse en propietario de una parte creciente de los activos que sostienen la economía mundial.