
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha lanzado una seria advertencia sobre el rumbo de las finanzas públicas globales. En su informe Monitor Fiscal de octubre de 2025, la institución prevé que la deuda pública mundial supere el 100 % del producto interior bruto (PIB) en el año 2029, lo que supondría su nivel más alto desde 1948, en plena posguerra.
Este hito, simbólicamente potente, refleja un proceso sostenido de deterioro fiscal tras la pandemia de la COVID-19, los paquetes de estímulo aplicados durante la crisis energética de 2022 y el actual contexto de tipos de interés elevados. Según el FMI, la combinación de altos déficits estructurales, bajo crecimiento y persistente gasto público ha llevado a muchas economías —tanto desarrolladas como emergentes— a una trayectoria de endeudamiento preocupante.
Alerta por el “ciclo de complacencia”
“El mundo se está deslizando hacia una era de complacencia fiscal peligrosa”, advirtió Vítor Gaspar, director del Departamento de Asuntos Fiscales del FMI. En su diagnóstico, las medidas temporales adoptadas para proteger a los hogares y empresas durante la pandemia se han convertido, en muchos casos, en gastos permanentes que no han sido compensados con ingresos suficientes.
Actualmente, la deuda global se sitúa en torno al 93 % del PIB, según datos del propio Fondo. Esta cifra ya supone un aumento sustancial respecto al 84 % registrado antes de la pandemia en 2019. Pero lo que más preocupa al organismo es la tendencia: si no se toman medidas correctivas, el ratio superará el 100 % a mediados de la próxima década, afectando la credibilidad fiscal de muchos países.
Desigualdades entre regiones
Aunque la advertencia es global, el FMI subraya diferencias significativas entre bloques económicos. En economías avanzadas, como Estados Unidos, Japón y varios países europeos, la deuda se ha disparado por el elevado gasto público en defensa, salud y pensiones. En el caso de EE. UU., se prevé que el déficit fiscal supere el 7 % del PIB en 2025.
Por otro lado, en economías emergentes, la deuda crece por el aumento del coste del servicio de la deuda en divisas, especialmente tras la apreciación del dólar y las subidas de tipos por parte de la Reserva Federal y otros bancos centrales. Algunos países, como Argentina, Egipto o Ghana, ya enfrentan crisis de sostenibilidad.
Recomendaciones del FMI
Frente a este panorama, el FMI recomienda una consolidación fiscal “gradual pero creíble”, basada en tres pilares: mejora de la eficiencia del gasto, ampliación de la base impositiva y fortalecimiento de las instituciones fiscales. En paralelo, pide a los gobiernos transparencia presupuestaria y marcos fiscales de mediano plazo que generen confianza en los mercados.
También insta a preservar el gasto en inversión pública productiva, transición energética y cohesión social, evitando recortes indiscriminados que puedan dañar el crecimiento potencial.
Un reto político de primera magnitud
Con elecciones en EE. UU., el Parlamento Europeo y otras economías clave en el horizonte de 2024 y 2025, el margen político para implementar ajustes fiscales puede ser limitado. Sin embargo, el FMI insiste en que postergar las correcciones solo agravará los problemas y aumentará el riesgo de crisis fiscales futuras.


