
El temor a la deflación ha regresado a Japón, debido a la reciente caída de los precios al consumidor, por primera vez en tres años al cierre del mes de abril, y al desplome de la actividad en las fábricas nacionales.
Las previsiones para la economía de Japón, la tercera más grande del mundo, están aumentando los llamamientos para un mayor gasto público, a pesar de que el Parlamento ha aprobado un presupuesto adicional para financiar un paquete de estímulo de 1,1 billones de dólares (998.000 millones de euros) con el objetivo de amortiguar el golpe de la pandemia.
Yasutoshi Nishimura, el ministro de Economía de Japón, ha dicho en una conferencia de prensa que “el Gobierno trabajará con el Banco Central para asegurar que Japón no vuelva a caer en la deflación”.
Los precios al consumidor en Tokio, uno de los indicadores adelantado de las tendencias de la inflación nacional, han registrado una caída del 0,1% en el mes de abril en comparación a los datos del año pasado, lo que ha afectado las expectativas de un aumento del 0,1%, y tras un aumento del 0,4% en marzo.
Los analistas han destacado que se trata del primer descenso interanual desde abril del año 2017.
Aunque la caída ha sido consecuencia de la disminución de los costes de la energía después del colapso del precio del petróleo, se han reforzado las expectativas de que Japón sufra una caída de los precios al consumidor en los próximos meses en la medida en que la economía experimente un mayor impacto de la pandemia del coronavirus.
Una encuesta realizada a empresarios, publicada la semana pasada, ha confirmado que la actividad de las fábricas de Japón se ha reducido a su ritmo más rápido en más de una década en abril, porque el brote del coronavirus ha afectado no sólo a la producción, sino también a los nuevos pedidos.


