Aprueban construcción de la mayor central hidroeléctrica de Nicaragua

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Este año 2014 comenzará la construcción de la hidroeléctrica Tumarín en Nicaragua. Este proyecto es uno de los grandes estandartes de infraestructura impulsados por el Gobierno del sandinista Daniel Ortega.

El proyecto comenzará con cuatro años de retraso y después de un proceso de negociación en el que tuvo que intervenir la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

La Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó en julio de 2009 una ley que habilitaba la ejecución del proyecto Tumarín en Apawás.

Esta es una comunidad de difícil acceso ubicada en el municipio de La Cruz de Río Grande, en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS).

El proyecto aprobado contemplaba la construcción de una generadora hidroeléctrica con una extensión de agua de 2.590 hectáreas y que sería capaz de producir 253 megavatios de energía.

El plan era trasladar a los habitantes de Apawás a un sitio seguro, con casa para cada familia, servicio de agua potable, energía eléctrica, tres iglesias (dos evangélicas y una católica), una casa comunal y un centro comercial, previo pago por sus tierras.

El costo total de Tumarín sería de 800 millones de dólares (580 millones de euros) y sería a cargo de la firma Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN), que fue creada por la estatal de Brasil Eletrobras y el conglomerado Queiroz Galvão.

En su momento el proyecto fue calificado como el plan de generación eléctrica más grande en la historia de Nicaragua.

Los 253 megavatios de energía hidroeléctrica que produciría la planta representarían más del 50% del consumo en el país.

Seis meses después, los tribunales de la RAAS mandaron paralizar el proyecto debido a la supuesta irregularidad en su aprobación.

El tema se resolvió y en julio de 2010 Ortega anunció la inminente construcción de Tumarín y hasta lanzó una invitación pública al entonces presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para colocar la primera piedra.

Todo parecía funcionar, CHN se alistó para contratar gente, construir la carretera y empezó a capacitar a sus futuros trabajadores.

Mientras el Gobierno solicitó fondos de Alba Petróleos de Nicaragua S.A. (Albanisa) impulsó otro proyecto hidroeléctrico: Brito, que sería tan grande como Tumarín, pero más barato (600 millones de dólares).

Un año después Brito fracasó, pero la polémica ocultó la imposibilidad de CHN de avanzar con Tumarín.

En el año 2011 el precio del proyecto se elevó a 1.100 millones de dólares (800 millones de euros) y la fe en que se ejecutara disminuyó.

Para 2013, la única cara visible del problema eran los pobladores de Apawás, con sus insistentes visitas a Managua exigiendo el dinero de sus tierras.

Para el proyecto se garantizó la financiación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), principal entidad de fomento del gobierno de Brasil, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el conglomerado Queiroz Galvão, y se mencionó la posible entrada del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial.

Las negociaciones entre el Gobierno de Nicaragua y los empresarios brasileños se destrabaron el 21 de marzo pasado gracias a la intervención del presidente nicaragüense Daniel Ortega y la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, según el ministro nicaragüense de Energía, Emilio Rappaccoli.

Nicaragua espera que los 253 megavatios que Tumarín debe empezar a producir a partir de 2019 aporten el 30 % de la generación nacional, que para ese año tendría al menos un 74 % de producción limpia.

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