
El Ibex 35 ha iniciado la jornada con una recuperación destacada y sube alrededor de un 0,9%, en un intento de recuperar parte del terreno perdido tras las caídas de la víspera. El rebote del selectivo español se produce en un contexto internacional todavía muy condicionado por el aumento de la tensión en Oriente Próximo, después de nuevos episodios de confrontación entre Estados Unidos e Irán en torno al control del estrecho de Ormuz.
Aunque el escenario geopolítico sigue alimentando la cautela entre los inversores, los mercados europeos han optado por un tono positivo en la apertura. La evolución del crudo, que modera parte de la escalada registrada el día anterior, ha contribuido a aliviar temporalmente la presión sobre las Bolsas.
El petróleo se enfría tras dispararse más de un 5%
Uno de los focos principales de atención vuelve a situarse en el mercado energético. El precio del petróleo Brent retrocede cerca de un 1% y se mueve en torno a los 113 dólares por barril, después de haberse disparado en la sesión anterior más de un 5%.
Ese encarecimiento reavivó los temores a un nuevo episodio de inflación importada, especialmente en un momento en el que los bancos centrales siguen vigilando de cerca cualquier factor que pueda alterar el proceso de estabilización de precios. La situación en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles para el transporte mundial de crudo, continúa siendo observada con máxima atención por los mercados.
El temor de fondo es claro: si la crisis se prolonga o se intensifica, podría elevar aún más los costes de la energía, frenar el crecimiento global y aumentar la volatilidad financiera durante las próximas semanas.
La geopolítica frena el apetito por el riesgo
La renovada tensión entre Washington y Teherán ha vuelto a introducir incertidumbre en los mercados internacionales. Los últimos ataques cruzados y los bloqueos marítimos recíprocos han puesto en duda la estabilidad de un alto el fuego ya de por sí frágil. Aun así, algunas señales procedentes de responsables iraníes apuntan a que las conversaciones entre las partes no se han roto por completo, lo que deja abierta la puerta a una eventual desescalada.
Ese delicado equilibrio entre confrontación y negociación está marcando el ánimo de los inversores. En Estados Unidos, los futuros del S&P 500 se muestran prácticamente planos, reflejando una actitud de espera, mientras Europa logra sostener las compras en el arranque de la sesión.
En Asia, además, la actividad ha sido más reducida de lo habitual por el cierre de varios mercados relevantes, como Japón, China continental y Corea del Sur, debido a festividades. Esta menor participación ha contribuido a un entorno de negociación más contenido. En cambio, la Bolsa de Hong Kong sí ha registrado descensos, con las tecnológicas penalizadas por recogidas de beneficios tras las fuertes subidas acumuladas en semanas recientes.
Indra, Amadeus e IAG lideran las subidas
Dentro del mercado español, el comportamiento es desigual por valores, aunque predominan los avances. Indra destaca entre los grandes protagonistas de la jornada con una subida cercana al 4%, consolidándose como uno de los títulos más fuertes del selectivo. También sobresalen Amadeus e IAG, que registran alzas superiores al 2%.
En el lado contrario, el sector financiero muestra un tono más débil, condicionado por la publicación de resultados empresariales. Banco Sabadell cae más de un 2% tras presentar sus cuentas trimestrales, mientras Unicaja también cotiza en negativo, con retrocesos superiores al 1%. Santander se suma a las caídas y cede alrededor de un 1% en los primeros compases de la sesión.
Los inversores miran a la inflación y a la Reserva Federal
El encarecimiento del crudo y del gas vuelve a reabrir el debate sobre el impacto que un conflicto prolongado en Oriente Próximo podría tener sobre la política monetaria. En el mercado empieza a ganar peso la idea de que la Reserva Federal estadounidense podría verse forzada a endurecer de nuevo su discurso o incluso revisar su hoja de ruta si la presión inflacionaria repunta con fuerza.
La energía se ha convertido otra vez en una variable determinante. Un petróleo persistentemente alto tendría efectos directos sobre los precios, el consumo y la actividad industrial, además de introducir nuevas dudas sobre la capacidad de las economías para mantener un crecimiento sólido en el corto plazo.

