
La entidad financiera CaixaBank ha comenzado el año consolidando su liderazgo en el mercado hipotecario español, con un crecimiento del 12% en la concesión de nuevas hipotecas, duplicando el ritmo del conjunto del sector. Este avance refuerza su posición dominante, con cerca del 26% de las nuevas operaciones y una cuota total en torno al 25%.
Durante la presentación de resultados trimestrales, el consejero delegado Gonzalo Gortázar destacó el dinamismo del negocio, subrayando que la entidad mantiene una fuerte capacidad de captación en un segmento clave para la banca.
Entre enero y marzo, CaixaBank obtuvo un beneficio neto de 1.572 millones de euros, lo que supone un incremento del 7% respecto al mismo periodo del año anterior. Este resultado se apoya en la solidez comercial del grupo y le permite alcanzar una rentabilidad (RoTE) del 17,6%, situándose en niveles elevados dentro del sector.
Estrategia hipotecaria en un entorno competitivo
El crecimiento de CaixaBank se produce en un contexto de fuerte competencia entre entidades. Mientras algunos bancos han intensificado su apuesta por el crédito inmobiliario, otros han optado por moderar su exposición. En este escenario, CaixaBank defiende su papel activo en un negocio históricamente clave para la vinculación de clientes.
El banco cuenta con 2,5 millones de clientes hipotecarios y destaca que España ofrece algunas de las hipotecas más competitivas de Europa, con un tipo medio en torno al 2,56%.
Previsión de desaceleración por el euríbor
A pesar del fuerte arranque del año, la entidad prevé una moderación en el crecimiento hipotecario en los próximos meses. El principal factor será el encarecimiento de los préstamos debido a la subida del euríbor, junto con el desequilibrio entre oferta y demanda en el mercado inmobiliario y el aumento de los precios de la vivienda.
Llamamiento a un debate “serio” sobre inmigración
Más allá de los resultados financieros, Gortázar también abordó cuestiones estructurales de la economía española, como la inmigración. El directivo subrayó que el crecimiento económico actual no sería posible sin la aportación de trabajadores extranjeros, especialmente en sectores como el turismo, la construcción o los cuidados.
No obstante, instó a abrir un debate riguroso y a largo plazo, apelando a una gestión basada en la “seriedad institucional y no en el populismo”, con el objetivo de equilibrar las necesidades económicas con la capacidad de integración social.


