
Durante su intervención en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, la subgobernadora del Banco de España, Soledad Núñez, ha lanzado una advertencia clara: el sector financiero no dispone aún de herramientas ni datos suficientes para evaluar de forma precisa el impacto del cambio climático en su exposición al riesgo. Su mensaje, dirigido tanto a entidades como a supervisores, subraya que el avance hacia una banca verde y resiliente todavía está en construcción.
La intervención tuvo lugar en el marco de una mesa redonda sobre los retos del sistema financiero español frente al cambio climático, como parte del Curso de Verano “Creadores santanderinos y cántabros: Iñigo Losada”, en el que participó también el presidente de la Autoridad Bancaria Europea.
Núñez remarcó que si bien el sistema financiero ha progresado en los últimos años en su aproximación a la economía baja en carbono, la evaluación de los riesgos climáticos sigue siendo una tarea con escaso respaldo empírico. “A diferencia de otros riesgos tradicionales, en el ámbito climático no existen registros históricos suficientes, y eso obliga a adoptar enfoques prospectivos”, explicó la subgobernadora.
Esta carencia afecta tanto a las instituciones financieras como a los propios supervisores. La elaboración de escenarios económicos que contemplen factores climáticos requiere modelizaciones complejas y poco habituales, y en muchos casos las empresas financieras no cuentan con información completa sobre la exposición de sus clientes a estos riesgos. “Si el cliente no proporciona información, es muy difícil que el banco pueda valorarlo correctamente”, advirtió Núñez.
La subgobernadora recordó que desde 2020 existen recomendaciones explícitas por parte del Banco de España y del Mecanismo Único de Supervisión (MUS) de la Unión Europea para que las entidades integren los riesgos ambientales como una variable más en su gestión financiera. Estas recomendaciones no solo se aplican en el área de supervisión, sino también en la política monetaria y en los análisis de estabilidad del sistema.
Pese a ello, la aplicación práctica de estos principios avanza de forma desigual. Las metodologías varían entre entidades, y la disponibilidad de datos sigue siendo un cuello de botella. Núñez pidió un mayor esfuerzo colectivo para crear sistemas de información compartidos, mejorar los modelos predictivos y estandarizar los criterios de medición del riesgo climático.
El cambio climático, añadió, no debe tratarse como un factor ajeno a la economía, sino como un riesgo financiero que puede tener impactos significativos en carteras de crédito, seguros, inversiones y liquidez. Tanto por sus efectos físicos —como catástrofes naturales— como por los riesgos de transición asociados a nuevas normativas o cambios tecnológicos, estos fenómenos ya están alterando el entorno operativo del sistema financiero.
La intervención de Soledad Núñez refuerza el mensaje de que la sostenibilidad no puede abordarse únicamente desde una óptica reputacional o de cumplimiento, sino como una dimensión estructural de la gestión del riesgo financiero en el siglo XXI.


