
El Banco Central Europeo (BCE) ha publicado una actualización de sus indicadores de seguimiento de los salarios negociados en la zona del euro, que apuntan a una moderación y mayor estabilidad de las presiones salariales en los tres primeros trimestres de 2026. Los datos revisados por el BCE se basan en convenios colectivos firmados hasta principios de octubre de 2025 y extienden el horizonte de análisis hasta septiembre de 2026, lo que proporciona una visión más a medio plazo de la evolución salarial.
Según el indicador principal del BCE, los salarios negociados aumentaron un 4,7 % en 2024 (con cobertura del 50,6 % de asalariados en los países participantes) y se estima un crecimiento del 3,2 % para 2025 (cobertura del 48,7 %). Para el tercer trimestre de 2026, los cálculos preliminares sitúan el aumento salarial entre el 2,2 % y el 2,4 %, aunque con una cobertura muy limitada —19,4 % de los asalariados—, lo que reduce la representatividad de la señal.
En su nota, el BCE advierte que la parte prospectiva de sus indicadores no debe interpretarse como una predicción firme, sino como una señal basada en los convenios de los que se dispone hasta la fecha. Además, recuerda que otros factores macroeconómicos —como la inflación, la productividad, los costes laborales unitarios y las expectativas de las empresas— seguirán siendo determinantes en la evolución real de los salarios y las presiones de costes.
Para el sector bancario, esta moderación de las presiones salariales puede tener implicaciones relevantes: una menor aceleración de los costes laborales contribuye a contener los gastos operativos, lo que influye en el margen neto de intereses y las comisiones. Al mismo tiempo, un entorno de inflación salarial más controlado reduce el riesgo de contagio a las expectativas de precios y tasas de interés, lo que favorece la estabilidad de costes de financiación y de riesgos de crédito.
El BCE publica estos indicadores como parte de su vigilancia macroprudencial y monetaria, en un contexto en el que el control de la inflación, la normalización de los tipos de interés y la liquidez en los mercados bancarios son variables clave para la estabilidad financiera de la zona euro.


